Antonia, era una mujer regordeta y
cansada por los millones de años vividos, (ése era el modo en el que ella se
refería cuando se tocaba el tema de su edad), que corría de un lado para el
otro tratando de terminar los quehaceres de la casa, ya que a las once de la
mañana pasaban por la tele esa novela mexicana que la atrapó desde el primer
día en el que por desgracia comenzó a verla. Miles de veces juró no
engancharse más con novelas a esa hora, sin embargo, cuando ya no tenía qué
hacer, prendía ese maldito aparato y le aparecían propuestas que la ataban por
meses.
