Y un día se paró el tiempo, ese que
cabalga cuando necesitamos que perdure y se paraliza cuando requerimos su
desboque. En ese espacio exánime, en mi memoria quedó tu recuerdo cristalizado y una incomprensible sensación de soledad que nació seguramente de
recuerdos francos.
Todo se volvió ausencia y perdió sentido, el abandono
completó una historia germinada a lo largo de los años transcurridos. La bruma de ese tiempo muerto invadió los rincones de mi alma,
sólo que esta vez fue sin retorno.
Forjamos una amistad sincera, llena de locuras, sueños, y de esos desencantos que nos unían más para encontrarles el sentido. Con pocos puntos de encuentro cuando nos hicimos grandes, pero con la profundidad que se deben aquellas personas fusionadas sin esfuerzo en los recónditos vericuetos de los años.
Forjamos una amistad sincera, llena de locuras, sueños, y de esos desencantos que nos unían más para encontrarles el sentido. Con pocos puntos de encuentro cuando nos hicimos grandes, pero con la profundidad que se deben aquellas personas fusionadas sin esfuerzo en los recónditos vericuetos de los años.
A lo largo de mi vida, pocas cosas
escaparon a mi comprensión, ya que lo enigmático no era más que una simple
carretera, un poco más sinuosa, pero siempre llegaba a algún destino, lugar al que me aferraba, intentando no dejarme llevar por ciertas brisas que enmarañan.
Ahora, eso que llaman misterio, lo cual interpreto no es
otra cosa que esa parte de la vida a la que se le puede dar miles de
interpretaciones pero nunca una respuesta, es lo que hoy me paraliza, porque
las horas no corren, y estoy encerrada en un espacio incorpóreo sin encontrarle
sentido a este desvarío.
Tu partida produjo en mí aturdimiento, es
lo que me sucede cuando no llego a entender lo acaecido. Sé que esto no es más
que parte de la vida, sin embargo, no puedo privarme del derecho de no asimilar
lo que a veces se nos muestra como inevitable.
La parálisis del segundo previo, inundó
de efectos adyacentes esta existencia mía que creyó mansamente haber superado
la etapa del ensueño, ese que hace inmortales los afectos y magnifica la
preponderancia del tiempo y los apegos.
De pronto un estallido incomprensible
desató mi desconcierto. La noticia llegó en forma descarnada, sin omisiones,
haciendo que mi mente estallara en mil pedazos para poder comprender lo
sucedido. Me dijeron que te habías ido. Pensé por un momento que sólo a transitar esos rincones que
atesorabas como metas inalcanzables, ya que para vos el encanto era ese, correr
tras ensueños, pues lo que estaba al alance de tu mano nunca compensaba tus anhelos. Luego comprendí de qué se trataba esa noticia y la ecuación resultó no ser aceptada por mis sentidos.
Hasta ese momento me creí totalmente
liberada, haciendo galas de un poder mágico que espantaba las nostalgias que
deprimían mi paso por la vida. Soy libre, me dije ingenuamente, sin tomar cabal
conciencia de que esa libertad que creí haber logrado, no era más que uno de
esos esquivos recodos de la mente, que encubren verdades irrefutables.
Y así fue que el tiempo dejó de
transcurrir, creo que al sólo efecto de hacerme comprender que cuando comenzara
a correr nuevamente, lo irremediable sería permanente, pero no una permanencia
que se desgrana con el tiempo, sino esa que se acrecienta con el sabor de la inocencia.
Dificultades asomaban en ese destiempo, y
prometían hacer un intemperante ruido cuando por fin las agujas de reloj
salieran del letargo para que la vida continuara con tu imagen definida en
el medio del camino.
Quiero entender y ya no puedo, los
imponderables ocurridos ese día en el que el danzar del reloj inmovilizó el tiempo, me
arrebataron la posibilidad de un adiós probado. No pude despedir a esa entelequia colmada de mitos y paradigmas que
alimentaban una amistad repleta de silencios prolongados y de encuentros con
anhelos muchas veces pospuestos por el febril correr de un tiempo, que justo
hoy se ha aquietado.
Tan sorpresiva fue tu partida, que en ese
día en que las agujas del reloj dijeron basta, la luna se tiñó de púrpura y mi
desconsuelo del color del viento. En ese instante que no quería irse, sino perdurar
para robarme el aliento, pude comprender que esa imagen tuya, definida en mis
recuerdos, rompería los patrones pergeñados, con la intensión de castigar mi
empeño.
Ya es demasiado tarde, tu vida se derramó
en la arena no dejando ni una sola huella. Pesadas olas con sabor a sal como el
de las lágrimas derramadas, llevarán tu recuerdo a otros mundos. Mundos
colmados de ideales, esos que se elevaron cuando la madurez golpeó tu puerta y
debiste resignarlos creyendo que aún sobraba el tiempo.
No estoy demasiado segura de lo que
sucede cuando nos retiramos de este mundo, lo que sí sé es que en un rincón de esta mente
desolada, no existirá fuerza alguna que pueda borrar la desazón de tu temprana
y feroz partida.
Sin embargo y a pesar este dolor, puedo asegurarte que cientos de fantasmas llorarán tu ausencia, y
sólo me refiero a los míos, de los demás no puedo hacerme cargo. Y cuando
llegue la hora del reencuentro, ese que se nos promete a diario, espero tener
la posibilidad de decirte, mirándote a los ojos, lo que tu paso por este mundo para mí ha significado.
Y si es que acaso lo prometido es una
farsa, espero que mis pensamientos en algún lugar del universo te encuentren y
así poder decirte que fuiste incoherencia y poesía, más allá de las
resoluciones que caprichosamente se plantean en la vida.
Vida y muerte se conjugan en este espacio
extinguido, luz y sombra pintan el paisaje del desánimo, cuadro inmaterial de
ilusiones infantiles, enmarcado con dolor y desencanto.
Tu partida fue sin despedidas, por
inesperada, fugaz y sin sentido, me dejaste con las manos preparadas para ese
abrazo que siempre reclamabas, y al que le dabas el valor y la importancia de
no hacernos en tu existencia permanentes. No querías que nada te atara, ya que
las amarras eran incompatibles con tu esencia a pesar de todo ese afecto que
desbordaba en tu alma.
El tiempo está por comenzar y tengo
miedo, de no aceptar tu ausencia como algo duradero, de creer que en cualquier
momento tu figura aparezca tras la puerta pidiendo espacio para charlas, una buena
música o quizás un buen vino que haga danzar nuestros pensamientos dentro de la
locura que nos unió por largo tiempo.
Duerme en paz querido amigo, y ojalá
exista ese cielo prometido en donde seguramente te esperarán poetas y
soñadores, esos que evocabas en las largas noches en la que tu cuerpo pedía
calma. Pero esa no era tu esencia, ya que tu valor residía en desafiar cualquier intento de apaciguarte. Eras
libre como las águilas, y antes que comience a correr el tiempo quiero
prometerte que a pesar del silencio y de tu ausencia, siempre habrá un espacio dispuesto para una charla en este mundo o en el que el futuro nos tenga
preparado.
Quizás el espacio no sea más que un sueño y la
vida el permanente recuerdo de los que nos aman. Allá son mayoría, ya que con dolor
soy testigo de las tantas partidas que se producen cuando corre el tiempo, pero
estoy segura que al final, de un modo u otro nos encontraremos.
Te ofrezco ese abrazo que no pude darte a tiempo y deseo con todo mi corazón que vueles a lo más alto de la montaña de los cielos, y desde allá guíes a los que estamos en la fila de esta irremediable espera, para que sepamos cual será ese prometido y reiterado punto del encuentro.
Te ofrezco ese abrazo que no pude darte a tiempo y deseo con todo mi corazón que vueles a lo más alto de la montaña de los cielos, y desde allá guíes a los que estamos en la fila de esta irremediable espera, para que sepamos cual será ese prometido y reiterado punto del encuentro.
Bellísima y profunda despedida. Solo corazones llenos de amor pueden plasmar palabras tan sublimes. Leyendote me deleito y continúo aprendiendo de tu forma de escribir, gracias.
ResponderEliminarGracias Shoin, y lamentablemente esto no es una ficción. Se murió un gran amigo, del alma te diría. Un sencillo homenaje a quien fuera parte de mi juventud y mi presente. Un abrazo.
ResponderEliminarComparto cada palabra tuya Negri Querida, como si fuera mía, así como también comparto esa sensación de asfixia que siente mi corazón cada vez que mi mente trae el recuerdo de mi entrañable amigo, mi primer amigo.
ResponderEliminarGracias Negri.
Gracias Mika, me alegro que te sientas identificada con lo que para mí también fue un dolor profundo, la pérdida de mi mejor amigo.
ResponderEliminarHermosisimo prima!! Tus sentimientos se pueden palpar tan profundamente en este tributo tan honorable que le haz hecho a tu amigo! Gracias, siempre un deleite!!
ResponderEliminarGracias Tere, te juro que cada vez que lo leo revivo ese instante y no puedo retener las lágrimas, éramos las dos caras de una misma moneda. Lo extraño. Un abrazo grande.
ResponderEliminarBello...bellísimo..Lo comparto con alguien querido que esta pasando por este dolor, de la vida.
ResponderEliminarEs todo tuyo, y me encanta que lo compartas con ese alguien para que entienda que el sentimiento de pérdida nos iguala a todos y en definitiva hay que aprender a convivir con ese dolor.
Eliminarfuite incoherencia y poesía...bellísimo.Tal vez si él leyera estos párrafos la historia de desencuentros fuera otra. Muy especial debió haber sido el destinatario de tanta emoción.
ResponderEliminarFlaca, sabés que sí. Pero así se dieron las cosas y al destino por más que uno quiera, es difícil torcerlo. Un abrazo amiga.
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