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Un blog que pretende inspirar a los que creen que no se puede.

lunes, 14 de octubre de 2013

LO QUE LOS OJOS NO PUEDEN VER

Reflejo de un cuadro invernal dentro del ojo

Llegué a casa del trabajo muy cansada. Eduardo, mi esposo, me estaba esperando en la sala con cara de gran preocupación. Le pregunté si algo le sucedía y me dijo mirá, señalando la pared en donde están colocadas las fotos de mis padres, sacada tres años antes de que murieran, la de mis hijos y la de nuestra boda.    
No me detuve demasiado en esas fotos ya que las tengo vistas en cada uno de mis días. Como poco me gustan los misterios y las adivinanzas, al margen de que tengo paciencia corta, un tanto fastidiada le dije:
––No veo nada en esa pared, sólo las fotos de siempre, ¿hay algo en lo que deba reparar especialmente?, sabés que no me gustan las intrigas.
––Quiero que mires con detenimiento cada una de las fotos y me digas si notás algo extraño.
Lo primero que hice fue observar la de mis hijos, no vi nada distinto a lo que recordaba. En la de la boda reparé con más detenimiento ya que era una foto grupal y a decir verdad jamás observé nada más que a nosotros dos, estábamos felices. Por un momento me pregunté en dónde habían quedado todos esos sueños que teníamos entonces. Había caras que no recordaba, otras que me trajeron hermosos recuerdos de mi juventud, pero nada extraño.
Cuando llegué a la de mis padres, en un principio pensé que pasaría lo mismo que con el resto, pero no fue así. En esa foto en lugar de mamá y papá, estábamos Eduardo y yo. Muy enojada le pregunté:
––¿Qué has hecho con la foto de mis padres?
––Nada, te juro que yo no he tocado nada. Pero fijate bien ¿no notás algo raro?
Cuando le preste la atención que él me estaba reclamando pude observar que estábamos ambos en la misma posición y con la misma vestimenta de mis padres. Casi me infarto, no me podía explicar semejante transfiguración.  
Nos quedamos con Eduardo mirando la fotografía buscándole una explicación al fenómeno y llegamos a la conclusión de que nunca lo íbamos a hallar. Debíamos pedir ayuda a alguna persona. Llamamos a un amigo fotógrafo y él lo primero que nos dijo fue que alguien nos había jugado una broma de mal gusto. Incrédulo en todo aquello que escapara a su entendimiento, nos aconsejó que pensáramos en quién podría haberlo hecho.
Tenemos cuatro hijos, tres varones y una mujer. Ninguno capaz de semejante cosa, que en sí no era grave, pero no de muy buen gusto. De todos modos los reunimos y no hizo falta preguntarles, ellos se quedaron anonadados como nosotros. Sandra, la menor, me dijo que  conocía a un parapsicólogo que quizás pudiera hacernos entender lo sucedido. No somos muy afectos a interpretaciones de ciencias en las que no creemos, pero no costaba nada probar para ver cuál era su explicación, total, dependía de nosotros creerle o no, y no perdíamos nada.
Así es que conocimos a Nehuén, un hombre encantador, descendientes de indígenas y que según él tenía capacidades de ver cosas que escapan al ojo humano medio. Y cuando digo medio, me refiero a aquellas personas que como yo no se preocupan quizás por ver más allá de las narices. Le comentamos lo sucedido y luego lo llevamos a la sala para que viera la foto. Se quedó mirándola casi media hora. De vez en cuando cerraba los ojos, y desde que se paró frente a ella un tenue temblor invadió su cuerpo.
Al cabo de ese tiempo me preguntó:
––¿Cómo murieron sus padres?
––En un accidente. Estaban disfrutando de unas vacaciones con otros jubilados y el ómnibus en donde viajaban chocó con un camión en la ruta y ellos junto a otros seis amigos perdieron la vida.
––¿Cuánto hace de esto?
––Justamente el trece de Octubre se cumplen cinco años.
––Siento que ellos algo le están queriendo decir. Les pido una cosa, desde este momento presten atención a cada uno de los momentos de sus vidas y traten de relacionar aquellos acontecimientos especiales o quizás fuera de lo común, y afinen sus sentidos, estoy seguro que alguno de ustedes los va a escuchar. 
––Pero ¿cómo es que los escucharemos, nos hablarán o se manifestarán de alguna otra forma?
––Los mensajes pueden ser expresados de mil maneras, está en ustedes saber advertirlo, y eso se hace a través de un ajuste de la percepción. El problema del hombre de hoy es que ha perdido la facultad de escuchar.
Cuando se retiró todos quedamos más confundidos que antes. Que mis padres algo nos estaban queriendo decir me pareció lo más loco que yo haya escuchado en años, pero a lo sucedido había que encontrarle una explicación y mientras se la buscábamos, hicimos lo que  Nehuén nos dijo.
Nos pusimos de acuerdo en prestar más atención a cada cosa de las que nos pasaba en la vida para ver si en alguna estaba la respuesta. Sin darnos cuenta aparecían soluciones a otros problemas. En mi caso, yo creí que mis años me estaban jugando una mala pasada, perdía peligrosamente la memoria, y cuando comencé a hacer el ejercicio encomendado me di cuenta que no era que mi memoria se estuviera esfumando, sino que había problemas que me ocupaban la cabeza todo el día, problemas de toda índole, hasta diría que algunos magnificados. Entonces, no prestaba atención a las cosas que hacía, aparecía el edulcorante en la heladera, la llave del patio en mi cuarto, la revista con la grilla de la T.V. en lugares insólitos, la ropa de mi marido en el placard de alguno de mis hijos y cosas que nos hacen pensar que nos llegó la hora de enfrentar al Alzheimer.
Al resto de la familia le sucedió otro tanto, pero de todo esto nos dimos cuenta mucho más adelante. Mientras tanto seguíamos con nuestras vidas que sutilmente iban cambiando. Llegada la primavera, nos apareció la posibilidad de un viaje a Las Cataratas del Iguazú, un lugar que yo tenía pendiente desde mi juventud. La oferta era tentadora y decidimos hacerlo con toda la familia. Una vez que dimos la entrega, recordé que en un viaje a las Cataratas fue que mis padres fallecieron y eso me asustó. Me quedaban dos caminos, desafiar mi miedo y viajar, o suspenderlo. Fue una decisión que debía consultar. Mi hija era la que se ocupaba de planificar los días de partida. Cuando llegó a casa y nos reunimos para decidir cuándo haríamos ese viaje, les comuniqué de mi preocupación. Se quedaron mudos, a ese detalle no lo habían advertido. En ese momento Sandra, totalmente estupefacta, me dijo:
––Mamá la única fecha que queda para el viaje es el trece de Octubre, justo para el aniversario de la muerte de los abuelos. No sé ustedes, pero yo no voy.
Todos nos miramos y con una determinación nacida de las entrañas dijimos: el viaje no se hace. Luego nos enteramos a través de la agencia que todo había salido de maravillas, que los días habían sido hermosos y la gente había quedado muy conforme.
Una noche, mientras cenábamos, Pedro, uno de mis hijos comentó:
––Será que le salvamos la vida al resto de la gente que fue en ese viaje.
Yo no tengo idea si eso sucedió o no. Quizás si viajábamos no pasaba nada. Quedé preocupada porque así como encontramos muchas soluciones a nuestras vidas, también nacieron miedos que yo jamás había tenido. Pero al poco tiempo obtuve la respuesta. Una mañana antes de irme al trabajo, observé la foto y mis padres habían vuelto a ella. En ese preciso momento desaparecieron los miedos y apareció la certeza de que no era el viaje el problema, sino la comunicación entre nosotros. Desde que esa foto mutó, mutaron nuestras costumbres y la vida se nos hizo más llevadera, más simple. No sólo que prestábamos más atención a nuestros actos sino que nos prestábamos más atención a nosotros mismos, el vínculo familiar cambió y creo que al mensaje lo entendimos. Al año siguiente viajamos a Cataratas, por las dudas en otra fecha y lo disfrutamos de un modo especial, creo que de no haber pasado ese extraño suceso, nada en nosotros hubiera cambiado y sólo  Dios sabe a que punto hubiera llegado el deterioro familiar.

Cuando alguien desea realmente algo, el universo entero conspira para que lo logre. Sólo basta con aprender a escuchar los latidos del corazón y a descifrar un lenguaje que va más allá de las palabras, el que muestra lo que los ojos no pueden ver. (Anónimo)


2 comentarios:

  1. Hermosa historia Amanda!!, personalmente creo en que el universo, los ángeles, seres de luz o como se llamen quienes interactúan en nuestras vidas, nos intentan ayudar de mil y una formas y como dice tu historia, las personas no sabemos escuchar cuando "ellos" nos hablan. Un abrazo

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  2. Así es Shoin, tenemos que agudizar los sentidos para estar más cerca de los ángeles que son nuestros guías e inspiradores. Un fuerte abrazo y gracias por estar pendiente de tu alumna.

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