Mis recuerdos se remontan a los dieciocho años; y aún hoy, con varias décadas a cuesta, me siento rodeada de fantasmas. Fantasmas del pasado, tal vez, creados por mi mente y reforzado por mis vivencias…, o viceversa.
Entre los personajes que subsisten en mi memoria, estás vos, que con ese aire de bohemio embelesaba a cualquier mujer que todavía no había atravesado completamente la segunda década.
En mis recuerdos emergés con armadura medieval, esa que al parecer te protegía de la lucha cuerpo a cuerpo y que te resguardaba de las embestidas de las armas de combate, todo un caballero, dispuesto a matar o a morir por sus ideales.
Un poeta y un loco; al evocarte, veo a través de tus ojos las estrofas de la vida, y a través de tu expresión al excéntrico que es capaz de cautivar el asombro y del cual yo me inspiraba a los dieciocho años.
Tu simple recuerdo me despierta del letargo, ese que recrudeció con los años y que parece desvanecerse en las postrimerías de la vida con algunas atrevidas remembranzas. Jamás olvidaré esas escapadas al bar de la esquina de la facultad, en la que Beco nos atendía con una sonrisa pletórica de dientes, esos que jamás sufrieron las torturas de la ortodoncia existente por esos tiempos, esos que marcan una personalidad que aún persiste en su fatigoso caminar entre mesas colmadas de nuevos estudiantes y de nuevos sueños.

